4 de mayo de 2019

Empanadas calientes para las nenas valientes

 

Encontré nuestra foto del 95

disfrazadas de vendedoras ambulantes.

Estábamos con polleras amplias y camisas con volados,

las pieles teñidas con corcho

debajo de pañuelos enormes,

agarradas de las manos,

con los dedos apretados y sonriendo.

 Ya desde entonces

se nos daba bien eso

de simular y poner nuestra mejor cara.  

18 de abril de 2019

Construir algo que dure

o por lo menos

que deje huellas.

Digo:

un desencanto

un moretón

un ataque al hígado.

Que pese

y no se desvanezca.

Lo único liviano que acepto

es mi cuerpo.

5 de abril de 2019

Sin título


El espejo con marco de madera
nos devuelve
una imagen que no reconocemos:
los ojos como vidrios estallados,
las bocas sin muecas
inertes,
las mejillas pesadas
por los años de una despedida lenta.
Y ahora,
¿qué hacemos con los platos de porcelana
colgados de las paredes,
los angelitos,
la virgen del clima?
A la mala energía
la cortamos con limón
y si hubo amor
lo sabremos.
Dividiremos los adornos como parcelas
y la culpa se irá
en las cajas que llevemos a los hogares.

28 de marzo de 2019

¿Regalos a los chongos?

El dolor de las cervicales es parte de mí, pero la contracción de los gemelos y de los isquios todavía puedo remediarla. Necesito elongar. Voy a buscar el mat que las chicas me regalaron para mi cumpleaños. Abro el placard y me doy cuenta de que Zunilda corrió las cosas para barrer. Sobre la colchoneta está la bolsa de papel madera donde guardo los regalos que me sobraron de los diferentes viajes, los que todavía no di. Sobresale el cuaderno que traje de Nueva York para #chongo. Le había comprado una pavada en esas casas donde todo lleva escrito I  NY. También está en la bolsa, más abajo. Pero me pareció que no era suficiente. Jugábamos a decirnos novios hasta que se fuera al otro lado del mundo y no nos viéramos nunca más. Así que cuando terminé la visita al MOMA, di varias vueltas por la tienda de regalos. Elegí una agendita de Warhol con la leyenda “The world fascinates me”. Me pareció adecuada: se iba a hacer el viaje de su vida y supuse que en algún momento iba a necesitar anotar algo. Supuse que el tamaño era práctico. Supuse que era un buen recuerdo de mí. Supuse que había exagerado al decirme que tenía muchos problemitas. También supuse que no había mentido cuando nos prometimos una despedida.
Las chicas reclaman sorteo, pero acabo de tomar varias decisiones:
  • No comprar regalos a chongos.
  • Si los compramos, hacerlo en efectivo. La tarjeta de crédito, en un país con inflación, solo va a hacer que nos enojemos más.
  • Me la voy a llevar a Europa.
  • La voy a escribir toda.
  • Me voy a comer el mundo. 

27 de febrero de 2019

Sin título

 Quisiera que me mires.

Ahora.

Que me espíes, 

como puedas.

Estoy jugando, ¿ves?

Recuperé el peso 

y bajé las pulsaciones.

Mis veranos siempre

son un puente.

Como hija única 

aprendí a divertirme sola

aunque sé tener muchos amigos.

Me sigue gustando colgarme de los árboles

o de postes

o de escaleras.

Los cuerpos necesitan ser desafiados.

A veces 

boca abajo

se nos cae una idea. 

Juego en el pasto 

en la playa

en la selva.

Si hay lápiz y papel.

No sé jugar al ajedrez.

Los sentimientos son mi límite. 

Juego cuando puedo 

relajarme de mí,

cuando sé que el otro 

no me necesita.

Juego cuando me saco la capa 

y también 

cuando me saco la ropa. 

Estoy jugando, ¿ves?

Cuando te dije que sí a todo estaba jugando.

La única parada de manos fue para la vertical. 

Escribir también es jugar: 

como cuando tengo la carta en la mano

a punto de tirar

y lo mejor

es que me sirva a mí

pero a veces

la entrego.

19 de febrero de 2019

Bianca

Era súper blanca
y se llamaba Bianca.
Vivía en el edificio de al lado,
con su abuela
su tío
y a veces su papá.
La madre estaba internada
tenía sida.
En los 90
y a mis 10 
eso tenía que ver con las agujas
y con la muerte. 
El padre también 
quizás 
muriera. 

Con Bianca jugábamos en la plaza.
Siempre tenía las uñas sucias
y no sabía trepar árboles
pero la adoptamos.  
Un año alguien pudo pagarle la colonia
y ahí el "ella" se convirtió en "nosotras".   

Su casa era un desfile de faloperos.
Hacían cola
sobre Bulnes
a toda hora.
Bianca ya se había acostumbrado al timbre de madrugada
tanto como a simular tener una vida igual a la nuestra.

Una noche
el padre se tiró de la terraza.
Vino Crónica.
Bulnes amaneció cortada
por la Policía
la ambulancia
las cámaras
y mi mamá me decía
que agradeciera no tener una familia como la de Bianca:
mi papá tenía dos trabajos y poco tiempo para abrazarme
y ella se sentaba conmigo a hacer los deberes.

Bianca se acostumbró a la muerte
tanto
que también quiso morir.

Ahora paso por ahí
y nadie espera.
Mi viejo me lleva
sin hablar
agarrada de la nuca.
Bulnes está vacía.
Mejor no saco el celular por los pibes chorros de la vuelta.

2 de febrero de 2019

Googleá, Kevin, y no vayas a ver a Martín Bossi


No soy de las personas que hacen cola para agarrar el vasito de jugo de promoción en el súper ni de las que espera que le regalen el sachet de Head & Shoulders en la playa, hasta que vino una amiga y me dijo que tenía entradas gratis para el teatro. 

¿Qué hacés el viernes? Nada, qué se yo. Tengo entradas para el teatro. ¿Para ver qué? A Martín Bossi. Ah, ni idea qué hace. O sea, sí, sé que imita, pero nada más. No tengo opinión formada sobre el chabón creo. Yo tampoco. Yo tampoco, vamos. Y bueno, vamos. Comemos una pizza y tomamos birrita. Dale, genial. 

Llegamos, nos sentamos en unos asientos que no nos corresponden y nos corremos dos veces. Escuchamos que la de atrás dice: “¿Es joda?” Esperamos. No sabemos bien qué. Ahora vas a ver lo que es una joda.

Y empieza el show con escenas de minuto y medio como mucho, en las que Bossi imita a distintos artistas. La chica que canta la rompe. Los cambios de vestuario están muy bien. La gente aplaude pero cuando miro para el costado veo que mis dos amigas están con la misma cara que seguro tengo yo también. Esa que dice: “Si esto es así durante una hora y media, me mato”. Lo bueno es que confirmo que están del mismo lado de la vida.

Termina de cantar y arranca con una especie de misa evangélica comandada por un pastor brasileño que hace chistes trillados sobre el uso del celular. Dice que por favor lo apaguemos, que el mundo sigue sin nosotros, etcétera, etcétera, y pide que levanten las manos todos los que se quieran sacar una selfie con él -sí, juro que había un montón-. Tienen un minuto para hacerlo, antes de guardar el teléfono de nuevo. Una cordobesa que cumple años llega tarde, pero igual logra su foto.

Después descubre que el marketing sirve para vendernos cosas que no necesitamos y da una clase de educación sexual. ¿Pueden creer que existen los preservativos femeninos? Sí, Martín, según Wikipedia datan de hace casi 30 años, pero dale, seguí con el show. Y empieza a hablar sobre cómo conquistaba mujeres en su adolescencia. Le pregunta a un pibe del público qué edad tiene. 25. El chico se llama Kevin y se transformará en el fetiche de la noche. Con Palito no se coge, Kevin, anotá. Acordate, Kevin. Googleá, Kevin.


Y, entonces, nos explica a todos los kevin que no entendemos nada –ni por qué estamos ahí- que las mujeres quieren una previa larga. Que a las minas hay que ponerle flores, la canción de Phil Collins, llevarlas a cenar, hacerles regalitos. Y que los tipos están ahí esperando con la pija parada –y grande, siempre grande- para ponerla, porque son básicos y eso es lo único que les importa, y que nunca saben cuándo entrarle para que la mujer no se sienta avasallada. No se quieren apurar. Y la esperan así, con la pija parada.

Cuando se supone que nada puede ser peor, arranca un robo de 41 minutos con un falso casamiento protagonizado por personas del público. ¿Es obvio quién sube a hacer de novio no? Sí, Kevin. Cuando termina, cuenta que le dicen por cucaracha que pasaron 41 minutos.

Pienso en todas las cosas que podría haber hecho durante esos 41 minutos. ¿Qué hacés vos en 41 minutos?

Después imita a Tato Bores y le chorea a Macri todas esas frases sin remate con las que el presidente intentó explicar la crisis: que las tormentas, las nubes - le faltó Turquía-.

Y vuelve a cantar, ahora vestido de Rodrigo.

¿Nos vamos? No, esperá. Ya tiene que terminar.

Pero no, sigue. Pide que el público se pare. Aprovechamos y huimos.

Mientras una fuma, escuchamos que ahora suena cumbia. Pienso en Michetti cantando Gilda en el balcón de la Rosada, en Massa anunciando una lista de Spotify para manejar, con Pablito Lescano y Arjona. Pienso en que no quiero ser la que se queda con el jugo ni con el shampoo ni con un show de Bossi.

Seguro vos tampoco querés. Googleá, Kevin. Sí, ya sé que estás sin luz porque bueno, antes valía menos que un café y ahora te la aumentaron un dos mil por ciento pero se sigue cortando, porque bueno, todos estamos haciendo un esfuerzo. Pero la próxima googleá, Kevin, y fíjate qué carajo vas a ver, porque te podés encontrar con un show de mierda como este.