Encontré nuestra foto del 95
disfrazadas de vendedoras ambulantes.
Estábamos con polleras amplias y camisas con volados,
las pieles teñidas con corcho
debajo de pañuelos enormes,
agarradas de las manos,
con los dedos apretados y sonriendo.
Ya desde entonces
se nos daba bien eso
de simular y poner nuestra mejor cara.
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