Era súper blanca
y se llamaba Bianca.
Vivía en el edificio de al lado,
con su abuela
su tío
y a veces su papá.
La madre estaba internada
tenía sida.
En los 90
y a mis 10
eso tenía que ver con las agujas
y con la muerte.
El padre también
quizás
muriera.
Con Bianca jugábamos en la plaza.
Siempre tenía las uñas sucias
y no sabía trepar árboles
pero la adoptamos.
Un año alguien pudo pagarle la colonia
y ahí el "ella" se convirtió en "nosotras".
Su casa era un desfile de faloperos.
Hacían cola
sobre Bulnes
a toda hora.
Bianca ya se había acostumbrado al timbre de madrugada
tanto como a simular tener una vida igual a la nuestra.
Una noche
el padre se tiró de la terraza.
Vino Crónica.
Bulnes amaneció cortada
por la Policía
la ambulancia
las cámaras
y mi mamá me decía
que agradeciera no tener una familia como la de Bianca:
mi papá tenía dos trabajos y poco tiempo para abrazarme
y ella se sentaba conmigo a hacer los deberes.
Bianca se acostumbró a la muerte
tanto
que también quiso morir.
Ahora paso por ahí
y nadie espera.
Mi viejo me lleva
sin hablar
agarrada de la nuca.
Bulnes está vacía.
Mejor no saco el celular por los pibes chorros de la vuelta.
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