El
espejo con marco de madera
nos
devuelve
una
imagen que no reconocemos:
los
ojos como vidrios estallados,
las
bocas sin muecas
inertes,
las
mejillas pesadas
por
los años de una despedida lenta.
Y
ahora,
¿qué
hacemos con los platos de porcelana
colgados
de las paredes,
los
angelitos,
la
virgen del clima?
A la mala energía
la cortamos con limón
y
si hubo amor
lo
sabremos.
Dividiremos
los adornos como parcelas
y
la culpa se irá
en
las cajas que llevemos a los hogares.

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