23 de agosto de 2018

Mujeres sinecdoquizadas: el culo por el todo


Hace unos años, en Gualeguaychú viví una verdadera oda al ojete: vi a tipos mordiendo nalgas, otros queriéndolas tocar o exaltándolas cuando pasaban delante de sus ojos, y escribí sobre cómo las mujeres éramos reducidas a un culo.  

Pero, lamentablemente, sabemos de sobra que esa “culificación”, como dice Luciana Peker en Putita Golosa, no se restringe a una determinada celebración popular de una ciudad entrerriana. Tampoco, a productos mediáticos que colonizan la pantalla en el prime time o en la franja de la mediatarde.
Todo el tiempo, las mujeres estamos expuestas a ser víctimas de una operación de sinecdoquización que nos transforma en meros culos y nos quita subjetividad.
Este año, por ejemplo, un tipo con el que me acostaba me dijo: “Me quedo todo el domingo encerrado por este culo perfecto”. Me lo dijo cuando estábamos los dos parados al lado de su cama. Él, por detrás, me acarició la espalda y, como si tuviera una varita, mágicamente me convirtió en un culo que lo retenía en ese departamento. No es que disfrutara pasar tiempo conmigo, sino con mi culo que, en definitiva, para él era lo mismo.

No sé si todos los culos tendrán los mismos poderes pero el mío, además de hacer compañía, hace unos días se ganó una clase gratis de aeroyoga a cambio de una tocada.


Tenés un lindo trasero”, me dijo por chat un profesor que tiene un salón por la zona del obelisco. Me incomodó un poco, pero traté de seguir con la charla hasta que leí:  

- El otro día te iba a preguntar si te lo podía tocar. Precio de la clase jajaja.
 Ah, ¿sí? Contame. ¿Cuántas minas aceptan que les toques el orto a cambio de una clase? - le pregunté.
Me respondió que era un chiste. Le expliqué que no me parecía nada gracioso decirle eso a una persona que no conocía. También pensé –pero no se lo dije- cómo podía ser que ni siquiera se sintiera interpelado por la marea feminista y que, al menos, se abstuviera de hacer esos comentarios por vergüenza.  
Me dijo que lo había conocido bastante como para darme cuenta de que era un chiste. Que si no lo entendía, tenía “problemas de percepción muy importantes”. Que él fue súper respetuoso.
¡Ahora resulta que tenemos que agradecer que no nos anden tocando el culo! ¡Gracias por ser respetuosos, señores!
Insistió por tercera vez en que me había hecho un chiste y en que yo no lo había entendido. No fue capaz de pensar que yo me podría haber sentido molesta por su comentario.  Ni me pidió disculpas ni intentó correrse de su pensamiento.  El subtexto era claro: tontita, exagerada, loca, feminazi –seguro-.
--
Podemos tener culos grandes, chiquitos, parados, firmes, blandos, con más o menos celulitis, con estrías, blancos o bronceados, con granos, con pelos, entangados o más tapados. Da igual. Para algunos, basta con tener un culo a su disposición. Lo único que les importa es la parte y no el todo.
De ahí la operación de sinecdoquización, que más que una figura retórica es performativa. 
Por supuesto que no hay ningún problema en que les guste nuestro culo, que se calienten, que quieran tocarlo, agarrarlo, besarlo, penetrarlo, mientras el deseo sea recíproco.
El problema está en que tiene que cambiar el paradigma de conquista. El problema es que esos culos somos mujeres que pensamos, hablamos, escribimos, sentimos, deseamos, gozamos, amamos, confiamos, nos ilusionamos, desafiamos, conquistamos, probamos, luchamos, lloramos y no vamos a callar cada vez que nos sintamos incómodas, despreciadas, vulneradas, atacadas. Y, sí, es para tanto. Siempre. Al menos hasta que caiga el patriarcado. 

2 comentarios:

  1. ������������������ excelente! Conciso, Real y sin agresión!!! Me encanto

    ResponderEliminar
  2. Excelente, te felicito. Un conciso llamado a la reflexion sin agresión.

    ResponderEliminar