“¿Te gusta la cocaína?”, empezó
preguntándome un inglés la primera noche en Tulum, cuando me fui de bares con
un grupo de desconocidos del hostel. Ahí, en el medio de El Curandero, mientras
bailaba electrónica como si me gustara, el pibe eligió -¿eligió?- no empezar
por el clásico cómo te llamás o de dónde
sos, y arrancó fuerte. Le dije que no, que gracias, e imaginé que me esperaban
14 días de un México desenfrenado.
Lo que me esperaba era un viaje
increíble, con lugares maravillosos y personas hermosas. Con sus playas paradisíacas y su gente -de allá, de acá, de tantos
lados-, México tiene un no sé qué que alucina.
Antes de ir, cada persona con la
que hablaba, que había estado ahí, me decía que quería volver, que se había
enamorado, y yo, incrédula, pensaba que exageraban.
Con Flor estábamos alojadas en Cancún, ofuscadas porque no habíamos podido cambiar el pasaje para volvernos el sábado en vez del miércoles, y pensamos en ir a pasar nuestra última noche a Playa. Hablamos con las chicas que habíamos conocido en el Hostel Che. Algunas estaban y otras se habían ido a Holbox, pero nos dieron la noticia de que habían aparecido los zapatos que le habían robado a Flor, así que no tuvimos más remedio que tomarnos el Ado –una compañía de autobuses que te lleva a todos lados - que salía a las 23 e ir para allá. Viajamos una hora con el aire acondicionado al mango y, cuando bajamos en Playa de Carmen, nos abrazó ese calorcito que no abandona nunca la ciudad. Sentimos la bienvenida, mientras caminamos por esa Quinta Avenida nocturna y despejada de todos los vendedores políglotas que te agobian durante el día con ofertas de excursiones y souvenirs. Sonreímos y nos sentimos como en casa.
Cuando llegamos al bar del
hostel, nos recibieron con abrazos y un chorro de tequila que caía desde
algunos centímetros más arriba para pasar derecho por la garganta. Así, sin
oponer resistencia, le dimos comienzo a una última noche larguísima, auténtica peripecia
aristotélica, con su propio nudo, clímax y un desenlace tardío a las 12.30,
cuando llegué justito a hacer el check in en la ventanilla de LATAM sabiendo
que íbamos a volver…
Porque México tiene ese no sé qué
que enamora.

Se me llenaron los ojos de lágrimas. Que alegria, cuantos recuerdos... amo México cabrones"!!
ResponderEliminar¡¡Qué ganas de ir!
ResponderEliminarSabé que, cuando vayas, nos tendrás de compañeras de viaje jeje.
EliminarQué lindo Sabri! Ganas de irrr! Besos!
ResponderEliminarGracias, genio! Andá porque es hermoso.
EliminarMe encantó Sabri !!
ResponderEliminarMuchas gracias, pacita :)
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