ESPECIAL DE PASCUAS
En Pascuas siempre surge algún chiste
fácil sobre romper los huevos y esta no fue la excepción. Además, en uno de mis
grupos de WhatsApp, surgieron otros como: “Che, algunos se deben sentir raros
con tanto huevo” o una foto de una papa con forma de testículos, con moño,
lista para regalar a algunos hombres que los necesitan con urgencia.
No es para nada una casualidad
tanto chiste huevístico, teniendo en cuenta que últimamente abundan los
sin-hue. El colmo de los últimos días lo vivió una amiga cuando tuvo que
decirle a uno: “O garchamos como dos personas normales o te borro y no te hablo
nunca más”.
Justamente, por recomendación de
una víctima de un sin-hue, hoy vi Think
like a man, una comedia romántica del montón, que trata sobre un grupo de
seis pelotudos, algunos de los cuales quieren conquistar mujeres que están
buscando tipos inteligentes. Básicamente, la historia de nuestras vidas. Lo peor
es que las minas se dejan llevar por un libro –Piensa como hombre, actúa como mujer- escrito por un hombre y
abandonan la espontaneidad y el criterio femenino para tratar de acomodarse a
los tipos con los que se cruzan.
Charlando con amigas, nos dimos
cuenta de que algo cambió. Más que acomodarnos, a veces pareciera que nos
transformamos en tipos. Me pregunto desde cuándo hay un enorme grupo de mujeres
dispuestas a coger y un montón de flacos que quieran amigas. ¿Qué pasó? No digo
que ya no busquemos amor. De hecho, la mayoría es lo que hacemos. Pero en algún
momento pensamos que el garche no estaba tan difícil de conseguir...y mírennos.
Mírenla a mi amiga dándole a un “amigo”
de su ex la última oportunidad, después de verse varias veces, desnudarse, de
que él le dijera que todas las minas deberían ser como ella y que no pasara
nada. Ya está, flaco, no vas a ser mejor amigo por sólo tocarle una teta!! Andá
a buscar el huevito que dejaste en casa y terminá lo que empezaste.
Miremos a otra de mis amigas, harta
de escuchar: “Te debo una cena ehh. Uno de estos días, te venís a casa y te
cocino” o “Nos debemos un cine eh”, cuando ella está hasta las manos con su
amigo pero teme que para él sea un pibe más.
Miremos otra, cuyo
cliente le pregunta la clave fiscal a las 11 de la noche de un sábado y –otro más-
le promete una cena en su casa –no sabemos cuándo, ya que vive con la novia-.
Estamos hartas de ser “las genias”,
“las mejores”. Estamos hartas de ser las amigas que les festejamos los chistes.
Todo bien con el feminismo, pero
queremos un hombre con hue, un modelo tradicional, de esos que avanzaban, que te cortejaban. No queremos a los fantasmas
escritores que desde un telefonito te endulzan los ojos con frases de manual y
con propuestas que nunca se concretan.
Claro que acá me estoy refiriendo
sólo a los sin-hue. Cuando aparece un “lanzado”, siempre es el que no nos
gusta. Después, como en la peli, nos cruzamos con otros estereotipos como el
nene de mamá (este es uno de los peores), el soñador, el fracasado, el pseudo
intelectual marxista o, su contrario, el apolítico y –el que predomina- el
idiota.
Así que en estas Pascuas queremos pedirles un favor: si no
avanzan, dejen de rompernos los huevos. ¡Gracias!
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