Llega un momento en el tiempo de estudio en que ya no me importa qué sé ni cuánto me falta ni qué nota necesito. Empiezo a autoconvencerme de que ese texto del que no conozco ni el título no me lo van a tomar. De repente, me acuerdo de todas las veces que amigos y familiares demostraron una confianza plena en mí y me dijeron: "Te va a ir bien", como si el historial académico garantizara el éxito próximo. Pero no me importa. Me aferro a ese comentario y me la creo: "Me va a ir bien, por qué no?"
Y, entonces, hago lo que estuve evitando desde que salí de la cama: mirar por la ventana. En realidad, no me hace falta acercarme al balcón para darme cuenta del día espléndido que hay afuera mientras me la paso en condiciones deplorables, yendo de la cama al comedor y de ahí a la silla de la compu. Pero cuando espío por la cortina y veo cómo pega el sol sobre el pasto de la plaza, me convenzo de que no puedo estar todo el día estudiando, de que necesito despejarme, aunque sepa que de ese despeje vuelva con menos ganas de sentarme a leer.
Eso me pasa siempre, y hoy no fue la excepción. Enseguida, agarré el celular, pensé quiénes de las chicas estarían disponibles y les mandé un whatsapp a Mauge y a Fer: "Salen mates? Tengo termo para estrenar". Y cuando vi los "sí" que quería leer, me entusiasmé. Seguí leyendo e hice un plan de lo que me quedaba por estudiar, plan que, por supuesto, incluso ahora a las 12.15 no cumplí.
Pero la remé hasta que me miré al espejo y me di cuenta de que mi pelo era un desastre y que me tenía que ir a bañar. Y fue tan excitante la sensación de salir de la cueva, que hizo que hasta me resultase placentero secarme el pelo.
Y salí nomás, con el Lumilagro de colores en la mano, la yerba, el azúcar, el celular, las llaves y una bolsa. Sí, todo en la mano, porque estaba apurada por sentir los 25 grados primaverales.
Crucé, me mojé el culo con el pasto, corrimos a una mesa porque me quería pintar las uñas y en casa no tenía tiempo, y fui feliz. Es que, como me dijo alguien esta semana, soy feliz con poco. Y sobre todo, en momentos infelices como los de pre-parcial. Además, me acababa de enterar que aprobé otra materia y anoche me mandó mensaje mi sex toy, justo cuando pensé que me había abandonado.Igual, de a ratos me salta la bipolar que no suelo ser y enloquezco. De hecho, en este momento, mientras escribo, miro de reojo los textos que tengo al lado, con culpa. Con tanta culpa que me espera una serie cargada en Cuevana.
Resignación: después de las gratificaciones del Lumilagro, mañana sólo me salva un milagro.
Justo acabo de escribir un post sobre mi locura de etapa "Final" del año, y lo destruída que quedo con todas las entregas... Y hoy dije "ya no me importa la nota, sólo quiero que se terminé ya!". Se ve que es una sensación compartida en el mundo estudiantil... jejeje
ResponderEliminarSaludos y felicitaciones por el Lumilagro! ja!