Noviembre, la época del año que, al mismo tiempo, más espero y más aborrezco. Noviembre, ese momento en que ya no pienso dos veces si "salgo en piernas o me pongo medias, en botas o chatitas": clavo firmemente pollera, musculosa, zapatos con dedo afuera y saquito en la mano o en la cartera siempre, por las dudas.
Pero noviembre es también una época de toma de decisiones: "¿Me rompo un poquito más el orto estudiando o tiro todo a la mierda y me voy a final, como las personas normales?", "¿Debería buscar trabajo de lo mío o seguir en una empresa, a cinco cuadras de mi casa, haciendo de Asistente de Recursos Humanos?, "¿Sigo esperando a mi media naranja o me hago puta o lesbiana?" Ayer, Sole, mi depiladorada - a la que amigas, madre y yo amamos-, me dijo que sus clientas prostitutas están bárbaras, con las tetas hechas, y son selectivas, así que, comparativamente, es mejor que hacerme torta. Pero por el momento no está en mis planes, por lo que voy a seguir como una tonta soñadora esperando que llegue el príncipe azul.
Pero, sobre todo, noviembre es la época en la que mi mente estructurada necesita saber qué voy a hacer este verano. Mi mente, mi compañera de laburo y la recepcionista, porque estoy abusando de su buena onda.
Lo que pasa es que tengo los días, la plata, las ganas, y me falta acompañante. Lo mismo me pasó el finde largo de octubre con Rosario, el Tigre y las estancias, y me va a pasar el último de noviembre con Mardel.
Y es que el estrés acumulado hizo que, desde septiembre, planeara algunas salidas especiales con el grupo. Casi todas las ideas surgieron, mate de por medio, con Fer en la plaza. Ahí, rodeada de plantas "vedes", nos quejamos de la vida y manifestamos, entre sobada de bombilla y galleta adentro, cuán cansadas estamos de la rutina y pensamos algún plan viable para interrumpirla. Esas ideas soñadoras siguieron con un mail inmediato y una catarata de respuestas que no llegaron a ningún lado pero que me sacaron varias carcajadas.
Ahí, en la plaza, tranquilas, a pesar de los purretes que corren y gritan, y de algún que otro choborra que aparece tambaléandose, pidiendo vino, y al que yo le ofrezco surtidas Bagley que quedan baboseadas en la mesa de ajedrez, ahí también pensamos el viaje de mochileras frustrado a Colombia y Ecuador. Trunco porque una de las más entusiastas defensoras acaba de empezar a trabajar y está viendo cómo negociar por lo menos una semana.
- Por ley tengo dos días, más los findes, más tres que me puedo pedir. Yo creo que me los van a dar, son copados - me dice Fer.
- Ok. Una semana o, como mucho, diez días. ¿Qué hacemos? Me dijeron que Uruguay se pone. Esperá que le pregunto a una amiga a dónde se fue. La Paloma, El Palomar...o algún bicho así era.
Y ahí nos excitamos. A la noche buscamos en internet lugares para ir a tirarnos en la playa, para ir de joda, pero también para hacernos las aventureras e ir a hacer trekking y ese tipo de cosas. Sin embargo, el viaje todavía no está decidido. No sabemos la fecha, quiénes vienen ni si vamos. Ya dejamos atrás Cancún, Machu Pichu, el sur. Lo único que nos queda es pensar en Uruguay 2012 -y Europa invierno 2013!!! Sin duda, estoy preocupada. Además, mi compañera de trabajo me está apurando porque no tiene problema pero tiene que arreglar con su novio. Así que en estos días espero definir el super viaje veraniego. No me importa a dónde ni con quién ni cuántos días. Estoy gauchita. ¡Pero sáquenme de la ciudad YA!

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