2 de noviembre de 2010

Infertilidad: una enfermedad silenciosa


*
Desde que somos chicos, nuestros padres, la escuela, los medios y la sociedad patriarcal plenamente vigente aún en el siglo XXI nos van imponiendo un mandato implícito y explícito que signa nuestra adultez: debemos formar una familia; las mujeres tienen que ser madres y los hombres, cumplir con su rol de protector. Así, hombres y mujeres, guiados por estos preceptos y por el pensamiento de que todos los seres humanos “nacen, crecen, se reproducen y mueren” -como nos dicen desde chiquitos en el colegio cuando nos explican los distintos ciclos de la vida humana, con total liviandad, sin reparar en que nacer, crecer y morir son hechos inevitables, mientras que tener hijos puede depender de la voluntad personal y de ciertas características fisiológicas que permitan el embarazo-, forman una pareja y se lanzan en la búsqueda de un bebé, sin saber que una enfermedad silenciosa puede estar latente en alguno de ellos. Y al no poder lograrlo, aparece el “¿Por qué a mí?, Por qué a nosotros?”

Pero la pregunta debería ser “¿Por qué no a nosotros?”, ya que la esterilidad no discrimina y según el Consejo Internacional de Difusión de Información sobre Infertilidad, afecta, en promedio, al 15 por ciento de las parejas. Por eso, por la falta de datos sobre el tema y porque los pacientes que la sufren suelen enterarse, recién, cuando intentan lograr un embarazo, la asociación civil Sumate a Dar Vida, que nuclea a pacientes con problemas de fertilidad, organizó un encuentro del que participaron Laura Kanzepolsky, miembro de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva; el especialista en ginecología obstetricia y reproducción, y fundador de Halitus. Instituto Médico, Sergio Pasqualini y la licenciada Silvia Mandil.

Kanzepolsky adelanta, para la tranquilidad de muchas: “Salvo que no tengas útero, nadie te puede decir que no vas a ser mamá”. Además, aclara que, hasta hace poco, esterilidad e infertilidad se definían por separado, pero que hoy son sinónimos, y explica que una pareja es infértil o estéril si después de  tener relaciones sexuales dos o tres veces por semana durante un año, no logra el embarazo o no puede llevarlo a término. Ese tope, si bien parece arbitrario, resultó de observar la cantidad de embarazos logrados por parejas en etapa fértil. A lo largo de un año, existe un 93 por ciento de posibilidades y en cada ciclo que se intenta, un 20 por ciento.

Al ser las mujeres las encargadas de llevar al hijo en su vientre, hasta hace aproximadamente quince años fueron consideradas las únicas responsables de la imposibilidad de concebir. Sin embargo, hoy se sabe que la infertilidad responde, en el 35 por ciento de los casos, a un factor masculino, en el 55 por ciento a uno femenino y el resto a causas inexplicables. Kanzepolsky afirma que la esterilidad se debe a que algún paso que naturalmente debería ocurrir para que un bebé llegue al seno materno, se implante, se desarrolle y nazca, no sucede, sea en la gametogénesis de la mujer o del hombre –el gameto es la célula sexual femenina y masculina-, en el embrión o en la estructura de los genitales que tienen que permitir el encuentro. “Puede haber alteraciones uterinas, ováricas, tubáreas, ovocitarias, fallas en la interacción óvulo-esperma o en la implantación”, enumera.

Los especialistas coinciden en que los problemas más importantes relativos a esta enfermedad son el vacío legal y la contradicción entre la falta de información valedera y la abundancia de datos en Internet que, a través de material indiscriminado, puede llevar a falsas expectativas en las parejas. Y es, precisamente, esta falta de información lo que obstruye las posibilidades de prevención de la enfermedad. Actualmente, sea por el contexto social, en el que las parejas prefieren no tener hijos siendo tan jóvenes, o porque tardan en recurrir al médico por miedo, la edad promedio de consulta de una mujer es a los 37 años, según afirma Pasqualini. Y eso no contribuye, ya que, según explica, el mejor funcionamiento del ovario es a los 25, empieza a declinar hacia los 30, un poco más rápido hasta los 35, y a partir de esa edad se complica mucho más la posibilidad de lograr un embarazo.

Por eso, la doctora Kanzepolsky advierte que una mujer debe estar atenta a, por ejemplo, la existencia de infecciones o a la falta de menstruación, y no esperar al momento de buscar un hijo para consultar con un médico. “Si uno ve algo raro, se deben tomar recaudos que van a hacer que lleguemos mejor al momento de la búsqueda. Incluso, una puede guardar ovocitos para más adelante”, asegura. Y Pasqualini agrega que también se pueden congelar embriones, óvulos, espermatozoides y tejido ovárico en casos oncológicos, en los que la mujer va a perder su función reproductiva con la quimioterapia.

El encuentro con los especialistas
Al no lograr el embarazo, llega la hora de la consulta con el médico. Kanzepolsky advierte que, para este momento, en ciertos casos no se debe esperar el año estipulado. Algunas excepciones son las pacientes de edad más avanzada, las que sufren amenorrea –ausencia de menstruación-, una esterilidad conocida con una pareja anterior, o la presencia de alguna enfermedad de transmisión sexual, por la que cada relación no protegida tiene que ser aprovechada al máximo.

La doctora subraya que es muy importante que se recurra a un especialista, “porque no todos los ginecólogos tienen amplios conocimientos de medicina reproductiva y las parejas pueden correr el riesgo de perder tiempo y de comenzar tratamientos que no van a ser eficientes”.

Por eso, para evitar pérdidas de tiempo, se recomienda que las parejas lleven estudios previos, si los hay, y que los médicos hagan un interrogatorio exhaustivo para obtener el diagnóstico en un mes y no estudiar un año al paciente. Hábitos, antecedentes familiares, problemas previos, si la mujer ovula o no son algunas de las preguntas que no pueden faltar en la lista. Sin embargo, esa carrera contra el tiempo no debe llevar a perder la paciencia. Al respecto, Pasqualini afirma: “Hay que darle la oportunidad al médico. Cambiar todo el tiempo de profesional perjudica al paciente”. Y Kanzepolsky agrega: “Si yo encuentro algo no es ¡bingo! Puede haber otros factores: dos femeninos, uno masculino, por ejemplo. No tengo que suspender la evaluación diagnóstica, sino completarla”.

Tratamientos
Una vez hecho el diagnóstico, el médico determinará cuál es el tratamiento a seguir para cada paciente.  Los métodos se dividen, básicamente, en dos tipos: de baja complejidad - los óvulos quedan dentro del cuerpo de la mujer- y los de alta complejidad - los óvulos se extraen de la mujer y se tratan en el laboratorio.

- Inseminación: tratamiento de baja complejidad: Pasqualini destaca que, en una relación natural, una vez que el hombre eyacula, gran parte del semen sale para afuera, porque la vagina es una cavidad virtual. Este puede ser uno de los motivos por los que no se logra el embarazo. Este puede ser uno de los casos en los que se recurra a la inseminación: se extrae una muestra del hombre, se la procesa, se separan los espermatozoides móviles y se los colocan dentro del útero.
- Tratamientos de alta complejidad: Entre ellos, se encuentra la fertilización in vitro (FIV) convencional e ICSI. El primero consiste en dejar los espermatozoides nadando alrededor del óvulo, para que alguno se adhiera y penetre. Cuando esto sucede, el óvulo no deja ingresar a otro y se conforma una célula con 46 cromosomas. La diferencia es que en el ICSI se toma el óvulo, se le sacan las células que lo rodean, se lo sujeta y se le inyecta un espermatozoide que ha sido definido como el mejor para lograr la fecundación.

“Hace un tiempo se creía que la FIV solucionaría todo, pero uno se va dando cuenta de que la naturalidad es lo mejor. Por eso, primero tenemos que definir si la pareja tiene posibilidades de lograr el embarazo por la vía natural. Si las tiene pero viene intentando a través de inseminaciones y no lo logró, recién ahí pasamos a la FIV”, aclara Pasqualini.

También, en los últimos años se extendió el tratamiento a través de la ovodonación: se inseminan los óvulos de una donante con los espermatozoides del hombre de la pareja  receptora y, una vez formado el embrión, se transfiere a la mujer, que fue preparando su endometrio.

¿Por qué a nosotros?
Esperanzas, amores, ideales, un futuro y sueños, quizás de toda la vida, se ponen en juego a la hora de buscar un hijo y se esfuman en cada ciclo que el embarazo no llega. Tal vez, la frase de Isabel Rolando, presidenta del grupo Concebir, puede reflejar con exactitud el sentimiento de muchas parejas: “No nos morimos de esto, pero todos los meses se me muere el alma con cada menstruación”.
Es que como explica la licenciada Silvia Mandil “la infertilidad es una de las situaciones más difíciles del ser humano, porque hay un quiebre en el proyecto de vida”. Y cuando eso sucede, llega la gran pregunta: “¿Por qué a mí, por qué a nosotros?” Por eso, la licenciada advierte: “Uno no puede elegir las circunstancias en las que está envuelto en la vida, pero sí puede decidir qué hacer con ellas. Es necesario comprender cómo transitar el camino, en pareja, para seguir de pie y luchar fuerte contra el dolor de la incertidumbre”.

Ante la perplejidad, Mandil afirma que las respuestas psicológicas más frecuentes en hombres y mujeres son la negación, la culpa, el aislamiento, el rechazo a vincularse con otras personas que tienen hijos, el enojo, la bronca y la ansiedad. Y particularmente en el hombre, se ve afectada su autoestima porque la imposibilidad de dejar embarazada a su pareja está ligada a la masculinidad.

Es decir, se alteran las emociones personales, la relación con la pareja y los vínculos sociales. De ahí la importancia de que, junto con los tratamientos especializados para lograr el embarazo, se trabajen los sentimientos y se asesore a las parejas para que tengan lugar en la toma de decisiones. “La actitud es fundamental. Si vos lo vas a hacer como trámite, no sirve. Es muy diferente decir ‘nunca voy a tener un bebé’ a ‘estoy haciendo todo lo que puedo para maximizar las posibilidades’”, asegura Pasqualini. 

Por que la infertilidad sea considerada una enfermedad
El costo de un tratamiento de reproducción asistida de alta complejidad es de aproximadamente 16 mil pesos. Eso afirman desde Sumate a Dar Vida. Por eso, junto a otras organizaciones, desde hace tres años emprendieron la lucha por la sanción de una ley  que reconozca la infertilidad como una enfermedad, a través de su inclusión en el Programa Médico Obligatorio.

La vicepresidenta primera de Sumate, María Teresa Bravo, explica que una ley no restrictiva debería cubrir: el diagnóstico de la infertilidad, los tratamientos de fertilización de baja y alta complejidad, el material descartable, las posibles complicaciones, la medicación, el trabajo de pre parto, parto y post-parto y la atención neonatológica.

 Por eso, intentan recolectar 300 mil firmas para obligar al Congreso de la Nación a tratar el proyecto de ley. Hasta ahora hay más de 195 mil y la esperanza de que sea debatida el año próximo luego de que, hace poco, la comisión de Salud de la Cámara de Diputados haya firmado un dictamen favorable de mayoría y tres de minoría, que han pasado a la de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia. 

* Publicado en www.pdpdigital.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario