2 de junio de 2010

Pan del Borda

Cómo y para qué funciona el proyecto en el hospital psiquiátrico
Ayuda terapéutica y denuncias en el Pan del Borda

El espacio es manejado por alumnos de la facultad de psicología de la UBA y constituye un ámbito de rehabilitación para los pacientes. Sin embargo, no cuenta con el reconocimiento del hospital ni del gobierno porteño.

Al bajar las escaleras, el olor nauseabundo comienza a percibirse y la humedad del ambiente no sólo se siente, sino que se ve en los charcos que decoran el piso. La puerta entreabierta deja escapar una luz tenue que proviene del interior y el sonido de una música que sale de alguna radio FM. Arriba: la panadería del Hospital Psicoasistencial Interdisciplinario José Tiburcio Borda; abajo: el Pan del Borda, un proyecto llevado adelante por estudiantes de psicología de la UBA, integrado también por diez internos, que no cuenta con el respaldo del establecimiento ni de las autoridades gubernamentales.
Las caras de los pacientes cuando ven llegar a alguien desconocido contrastan con la frialdad y la oscuridad de la escena. Sus ojos transmiten cierto brillo, acompañados por una sonrisa y por la amabilidad que caracteriza su accionar, que hacen notar lo que después van a asegurar ellos mismos: disfrutan poder hablar con otras personas, contarles por qué están allí, quiénes son, cómo se sienten, qué desean.
El Pan del Borda (PDB), que consiste en la elaboración y venta de escones y cuernitos, nació como una iniciativa de los vecinos del hospital, que comenzaron a denunciar las políticas de salud pública, recuperaron el lugar y apuntaron a generar nuevos puestos de trabajo, pasada la crisis de 2001. La participación de los pacientes y estudiantes comenzó en 2003, cuando los fundadores se pusieron en contacto con la agrupación El Brote, de la facultad de psicología de la UBA. Sin embargo, la unión se disolvió cuando empezaron a haber discrepancias entre los internos, que estaban bajo el efecto de los psicofármacos, y los antiguos trabajadores que terminaron retirándose y dejaron que el espacio se constituyera como un ámbito de rehabilitación.
Desde que se inició, el gobierno de la ciudad no ha aportado un centavo y los fondos provienen, en su mayoría, de fiestas que organizan los militantes de la agrupación marxista Psicología Poder Popular (P.P.P.), según cuenta Lucila Álvarez, la encargada del local los miércoles. “No hay nadie que subvencione esto. No es como otro tipo de actividades que se llevan a cabo en el Borda y que tienen un respaldo económico de algún tipo, como por ejemplo, La Colifata. Nosotros no tenemos siquiera el reconocimiento del hospital”, sostiene.
Con lo que reúnen, compran los insumos necesarios para producir y, luego, los pacientes salen a vender dentro de la institución, por la periferia y en el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio A. Moyano para ganar un salario. “Lo que más me gusta es vender, porque estoy todo el día encerrado y estar con la gente me hace bien”, afirma Rolando Bohl (53), bipolar y alcohólico en recuperación.
El día de cobro es el viernes, cuando se realiza una asamblea que les da la posibilidad de hacer oír su voz. Ellos utilizan ese dinero para comprar artículos de higiene personal y cigarrillos. “Además de solventarse, ellos están pasando el tiempo, se sienten útiles y trabajan con sus compañeros”, afirma Álvarez.
La joven explica que el proyecto responde básicamente a dos intereses. Por un lado, está la cuestión terapéutica, la importancia de que los internos aprendan un oficio, con los beneficios que eso conlleva; y por otro, se trata de denunciar las políticas hospitalarias y macristas. “Repudiamos todas las políticas capitalistas y las del gobierno de (Mauricio) Macri. Estamos en contra de las acciones del hospital, que nos parecen antipopulares, y denunciamos cómo se llevan a cabo las cosas en los sindicatos y las relaciones con los directivos. No transamos en ninguna”, confiesa.
Entre las ideas que critican, se encuentran la de achicamiento, vaciamiento y la de externación de los enfermos. “Estamos en contra de que le paguen un subsidio a los pacientes para que vivan con familias durante un año y luego se reinserten en la sociedad, porque después quedarían en la lona de vuelta. Tendrían que darles trabajo cuando salgan de acá”.
No obstante, dentro de la institución hay algunas corrientes que no están de acuerdo con los planteos de la P.P.P. Una psicóloga que integra un proyecto donde los enfermos también trabajan, en pos de su reahibilitación, dijo off the record: “No compartimos su forma de pensar porque ellos están en contra de la externación, la ven como un abandono y quieren que los pacientes se queden a vivir en el hospital”.
Las condiciones en las que se trabaja en el PDB no son detalles menores, teniendo en cuenta que se trata de productos alimenticios. El lugar, olvidado dentro de la inmensa institución, sólo es mantenido por los estudiantes ad honorem y eso se nota en los mosquitos que circulan y en la suciedad del piso y de las máquinas que ya no funcionan y sólo sirven para albergar telarañas. A eso se suma que algunos pacientes tienen, sin darse cuenta, las manos sucias y podrían ser fuente de contagio de enfermedades si tocasen la masa. “No somos profesionales. Nosotros sabemos que es un caldo de cultivo para mosquitos pero hacemos lo que podemos. No podemos ponerlos debajo de una ducha. Ahora le estamos dando delantales”, sostiene Álvarez.
En 2009 el proyecto sufrió un intento de clausura por iniciativa del director del Borda, dr. Juan Garralda, pero siguió adelante por la presión de las agrupaciones. “Queremos mantenerlo porque es algo que le hace bien a los pacientes y estamos tratando de hacer algo en pos de la salud pública y gratuita para todos”, declara la joven.
En relación con eso, cuenta que existe una casillita en el hospital que podría ser utilizada, pero el futuro, por ahora, es incierto. Y asegura que están hablando con un abogado para comenzar a tramitar la personería jurídica.

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