21 de mayo de 2017

Punto y al garche: el fin del chamuyo

Hasta hace muy poco, conocía el punto seguido y el punto y aparte.  El punto y coma, los puntos suspensivos y los dos puntos. Pero, en el último tiempo, descubrí un nuevo signo de puntuación que decidí bautizar “punto y al garche”.

Sabemos que toda nueva tecnología tiene consecuencias en el lenguaje y la comunicación.  Y, así, parece que ahora un mensaje con un punto sería una forma de tantear si la otra persona está dispuesta a tener sexo.

¿Qué? ¿No sabías?

Varios fines de semana atrás, cuando me desperté y agarré el celular y vi los mensajes que tenía sin leer, me encontré con uno que me llamó la atención: un punto. Había sido enviado a las 5.45 de la mañana por un pibe al que prácticamente no conozco. A los 3 minutos me había mandado otro que decía: “Perdón, Sabri, se mandó jaja”.

Todavía medio dormida, intenté interpretar ese mensaje en código morse. Pensé en preguntarle cómo se le había mandado. Si se puso a revisar una conversación antiquísima y me escribió sin querer; si no se animó a mandar siquiera un “En qué andás” y se hizo el que apretó la tecla por error. No sé. De cualquier forma, me dio un poco de vergüencita ajena y me causó gracia también.

Este fin de semana, una amiga me pasó la captura de pantalla de una conversación con su amante y la leyenda rezaba: “Me mandó un punto” y el emoticón sonrojado con los ojos abiertos. Nos tentamos y finalmente comprobamos lo que sospechábamos: que el punto era para ver si ella podía hablar y concretar un encuentro. 

Por ahí son muy pocos casos para sacar conclusiones, pero para mí es una tendencia: el fin del chamuyo.

Por eso, frente a esta devaluación de la palabra, me pareció atinado este pequeño acto de reivindicación, compartiendo la experiencia. 

Yo creo que me merezco más que un punto a las 6 am. Creo que todos nos merecemos un poco más que un punto.  Que el otro se tome el tiempo de mantener una conversación; que realice el esfuerzo de pensar qué decir, o no pensar y decir lo que tiene ganas. Pero no perdamos la palabra J.  

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