Maquillajes, mini desodorante Nivea, los forros que sacó de la máquina del baño de D’yaboo y...¡una gillette!: todo listo. Preparadísima, la chica cuyos hombres se perdieron garches por (falta de) forros lleva siempre en su cartera su botiquín completo, por si, en una de esas, en medio de la noche se cruza con “Clítoris Erecto”, con el rubio, con “Rulitos”, con el “negro-gordo-creído” o por si le suena el celular y tiene que ir al encuentro con su amor secreto.En realidad, no es que se haya acostado con todos. Más bien, con dos. Pero (vamos a apodarla) la Señorita Preparada siempre recuerda: 20-12. Dice que tiene miedo de que pronto se acabe el mundo y de estar perdiendo el tiempo mientras hace de niña bien educada, de buena familia, que de chiquita le inculcaron que sólo hay que tener sexo con parejas estables. No, no, no. Se niega a continuar ese mandato.
Pero en la vida real las cosas no suelen suceder como en las novelas, que una está siempre lista para la acción. Al contrario, una no siempre tiene hecho el cavado completo, la tira de cola, la axila lisa, sin un pelo encarnado, y las piernas suaves como las de Liz Solari en la propaganda de Veet. Los pelos crecen, y entre trabajo, facultad, familia y amigos, a veces, una no tiene tiempo de ir a depilarse por si el finde se alinean los astros y tiene la suerte de que le destapen la cañería. “¿Mirá si encima de que te apuraste te depilaste al pedo? ¡Nooo!”, es el pensamiento corriente.
El problema llega cuando justo el viernes o sábado a la noche que estás a punto de convertirte en mujer-loba después de las 12, aparece en la pantalla de tu celular ese nombre que estabas esperando ver, como le pasó a la Señorita Preparada.
2 am. Le sonó el teléfono, lo miró y se rió sola. Se mordió el labio inferior y con la mano izquierda se tocó la cabeza.
- ¿Qué te puso?- le preguntamos.
- Nada, que me quiere ver. Pero está con los amigos, como siempre, y no sabe qué van a hacer.
- ¡Weeenaa! – le festejé.
- ¿“Wena” qué?, boluda. Ahora empiezan los miles de mensajes hasta que el pibe se decida a dejar a los amigos. ¡¿Qué le digo?! ¿Qué hago? ¡Pibe, te quiero ver! Pero tengo pelos, tiré la maquinita porque ya no tenía más filo y encima se me parten los ovarios. Es obvio que me viene en cualquier momento. ¡Soy un desastre! ¡¿Qué le digooo?!
- Los pelos son lo de menos. ¿Pero te está por bajar posta?
- Y no sé, no sé.
- Ya fue. Andá. No seas boluda. ¿Hace cuánto estabas esperando esto?
- ¿Qué vaya a dónde?, si este forro tiene una simbiosis con los amigos.
Uno, dos tres...siete mensajes para no arreglar nada. Mientras tanto, los juegos para tomar nos fueron aniquilando, la botella de fernet, bajando y la principal responsable fue la Señorita Preparada.
El reloj estaba por marcar las cuatro y yo empecé a apurar a todas para que vayamos a algún lado. A esa hora, el lugar siempre es el mismo. Por más que hace desde 2004 que la Señorita Preparada arma listas de los posibles nuevos boliches, nos cuesta romper con la rutina. Y ese –claro estaba - no era momento de innovar.
El problema llega cuando justo el viernes o sábado a la noche que estás a punto de convertirte en mujer-loba después de las 12, aparece en la pantalla de tu celular ese nombre que estabas esperando ver, como le pasó a la Señorita Preparada.
2 am. Le sonó el teléfono, lo miró y se rió sola. Se mordió el labio inferior y con la mano izquierda se tocó la cabeza.
- ¿Qué te puso?- le preguntamos.
- Nada, que me quiere ver. Pero está con los amigos, como siempre, y no sabe qué van a hacer.
- ¡Weeenaa! – le festejé.
- ¿“Wena” qué?, boluda. Ahora empiezan los miles de mensajes hasta que el pibe se decida a dejar a los amigos. ¡¿Qué le digo?! ¿Qué hago? ¡Pibe, te quiero ver! Pero tengo pelos, tiré la maquinita porque ya no tenía más filo y encima se me parten los ovarios. Es obvio que me viene en cualquier momento. ¡Soy un desastre! ¡¿Qué le digooo?!
- Los pelos son lo de menos. ¿Pero te está por bajar posta?
- Y no sé, no sé.
- Ya fue. Andá. No seas boluda. ¿Hace cuánto estabas esperando esto?
- ¿Qué vaya a dónde?, si este forro tiene una simbiosis con los amigos.
Uno, dos tres...siete mensajes para no arreglar nada. Mientras tanto, los juegos para tomar nos fueron aniquilando, la botella de fernet, bajando y la principal responsable fue la Señorita Preparada.El reloj estaba por marcar las cuatro y yo empecé a apurar a todas para que vayamos a algún lado. A esa hora, el lugar siempre es el mismo. Por más que hace desde 2004 que la Señorita Preparada arma listas de los posibles nuevos boliches, nos cuesta romper con la rutina. Y ese –claro estaba - no era momento de innovar.
Salimos a la calle a tomarnos un taxi, medio borrachas e inmersas en una nube de excitación que hacía que pareciéramos adolescentes de 15 años. Cruzamos la avenida corriendo, aunque no había ningún auto que nos amenazara. Siempre hacemos lo mismo, no sé por qué. Del otro lado nos esperaban los del lavadero de autos, dispuestos a mirarnos el culo y a gritar algún que otro piropo. Cuando el taxi paró, nos apuramos para no quedar últimas y tener que ir adelante. Sobre todo, después del accidente de una de nosotras en el verano.
- Hasta Sarmiento y Rodríguez Peña, por favor. ¡Ah no!, eso era antes. Perdón. Córdoba y Laprida.
“No puedo olvidar tus besos mojados y la forma en que tú y yo nos devoramos, esa noche en mi cuarto”, salía de la radio y acompañábamos con chillidos imbancables que le sacaron algunas risas al conductor. El taxista nos dejó justo en la esquina.
- Hijo de puta, si me hacés entrar y salir al instante te mato. Si pago, me quedo un rato, por lo menos. Necesito una gillette. Sabri, ¿me comprás una? – me pidió la Señorita Preparada haciéndome puchero y me señaló el kiosco.
- ¡¡Comprala vos!!
- No, me da vergüenza. Dale.
- Bueno, dame plata - le dije al ver que, afortunadamente, estaba vacío.
- Hola, si...¿vendés Gillette?
- Sí.
- ¿Me das una, por favor?
En ese instante, mi suerte se había terminado. Un chico se acercó y se paró al lado mío, justo cuando el kiosquero me estaba dando la maquinita. “Sabri, no es para vos. Tranquila. ¿Cuán raro puede ser comprar una gillette, a las cuatro de la mañana, en frente de un boliche?”, me decía a mí misma y, en vano, me trataba de convencer. Mientras esperaba el vuelto, giré la cabeza por sobre mi hombro derecho hacia la esquina, donde me esperaban las chicas. “Mirá lo que hago por vos, eh”, grité para que el de al lado se enterara de que la peluda no era yo.
No sé en qué momento el pibe me habló. Tampoco recuerdo qué me dijo ni cuándo fue que le pidió unos picodulces al kiosquero, pero hubo tiempo de que me regalara uno. Al menos de algo valió el papelón.
Entramos al boliche, pedimos los speed con vodka reglamentarios, bailam
os los reggaetones de siempre y por fin le llegó el mensaje que estaba esperando. “¿Venís a casa?”, leyó medio borroso como consecuencia del alcohol.- ¿Voy? Sí, voy. Sabrina, vamos al baño – me ordenó.
La acompañé, intuyendo lo que estaba por hacer. Cuando pasamos la puerta, me di cuenta de que, efectivamente, tenía razón. Se iba a pasar la gillette en seco, a oscuras y ¡en el cavado!, y yo iba a ser su compañera fiel.
Por fin, una a favor. Se desocupó el cubículo más grande. Pasamos y, con el tiempo que nos quedamos adentro, cualquiera que nos hubiera visto entrar podría haber pensando que alguna estaba vomitando, llorando o que éramos lesbianas y estábamos garchando. Pero, error. La Señorita Preparada –no tanto esa vez- se estaba depilando. Es claro que yo no la miraba. Sólo volteaba la cabeza para verla a la cara y decirle que tuviera cuidado y que no se cortara. Y es que no era una tarea sencilla, más entre las risas, los malabares para ponernos cómodas y su ruego al cielo de que esa noche no se la chupara porque se podía pinchar.
Después de unos minutos, la Señorita Preparada estaba lista para la aventura. Salimos del baño, nos reencontramos con las demás y se fue. Al día siguiente, recibí un mensaje de que todo había salido ok. Colorín colorado. ¡¡Tené siempre una gillette a mano!!
me muero.. q buena anecdota sabri.. no me la habias contado nunca! t juro me cagaba de la risa sola! jajaj... ah y entre nos, es déjà vu (déjá= ya vu= visto)era mas fuerte q yo.. t lo tenia q decir jajaja.... peor me encanto la nota, no pare de reirme ni un minuto!!! quiero mas anecdotas sabri!!! las re banco amiga!
ResponderEliminarsi, querida Melody...pero el nombre del boliche se escribe como lo hice!! ;) (siempre terminamos en estas conversaciones ñoñas)
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