26 de marzo de 2013

Doriangrays


No sé cuándo fue que le vendimos el alma al diablo ni sé bien qué nos ofreció a cambio, pero sucede que la gente piensa que no superamos los 22, aunque llegamos a la edad en que los especialistas recomiendan empezar a usar crema antiage.
Llegamos a una edad en la que nos cansamos de los boliches –nunca pensé que pasaría-, en la que odiamos a las pendejas borrachas que empujan desquiciadas, en la que nos juntamos a cenar y cuando vamos por el postre bostezamos como hipopótamos, y en la que -como el otro día nos hizo notar un amigo-, en medio de un cumpleaños, en vez de dos botellas de vodka, había dos de agua arriba de la mesa.
Fue como si alguien nos hubiera hecho un agujerito en la tapa de la cabeza y nos hubiera metido los años en las piernas, en el culo, en los ojos, en los sesos. Porque llevamos los 25 adentro, ADENTRO. De afuera no se notan. Sólo afloran a través de las palabras o al presentar algún documento de identificación.
Ya dije que en Ecuador nadie creía la edad que teníamos. En realidad, nos pasa todo el tiempo, a todas. 
Hace unos fines de semana, con Mauge y Fer fuimos al Álamo y nos divertimos con poco. Jugamos a decirles a algunos grupos de púberes que nos hablaban que teníamos 21. Igual, Fernanda y yo no aguantábamos y les terminábamos diciendo la verdad, y no lo podían creer.
- Mirá, te juro que tengo arrugas, fijate.
- Mirá cuando nos reímos.
Vale aclarar que no nos divertimos toda la noche con esa boludez. Después de eso empezaba la charla en serio. 
Lo mismo nos pasó un viernes a la noche, hace unos meses, cuando unos viejos conocidos nos invitaron a Caix porque tenían el boliche ese día. O sea, ¡A CAIX!, el lugar al que íbamos todos los sábados cuando teníamos 18 - 19 años. 
- Chicas, ¿tienen documento? - nos preguntó con voz y cara de preocupada una pibita rubia, vestida con una vincha negra que le tapaba el culo, una remera que no le cubría la panza y unas plataformas onda Spice Girls en Spice World
Flor, Mauge y yo nos miramos desconcertadas y sonreímos. 
- Sí, sí. 
- Ah, porque yo no. Mis amigas sí, pero yo tengo 17. 
- Uh!!! - le respondimos al unísono, todavía sonriendo y desconcertadas. 
- Hace rato que pasamos los 17, pero somos como Dorian Gray - le respondí a la chica riéndome por la situación y porque tenía un poco de frío, aunque creo que no me entendió. 
Dos minutos después la pregunta fue repetida. 

- Chicas, ¿documentos? - nos pidió el patovica de la puerta. 
- Pero estas ya tienen como 24 - le dijo el viejo conocido que nos hizo pasar, mientras el tipo miraba nuestros D.N.I. 
Y alguna de las otras dos repitió mi explicación: "Somos como Dorian Gray". 
Reitero: esto nos pasa todo el tiempo, a todas. En el trabajo, en la facultad, en un consultorio médico, en la depiladora, ante desconocidos, conocidos y amigos de amigos...todo el tiempo. Calculo que con el paso de los años va a tener sus beneficios, aunque, por el momento, desconocemos cuál es el precio que tendremos que pagar. 

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