26 de agosto de 2011

Sex toy humano

Hace unos meses vi No Strings Attached. Copada, sobre todo para un domingo a la tarde bajonero y para disfrutar, por lo menos un rato, de ver a un hombre enamorado de una mina que sólo busca sexo.

Acá, el título fue traducido como Amigos con derecho. Y es que, los protagonistas, efectivamente tenían una amistad. Pero, ¡cómo detesto esa expresión! Porque la amistad de por sí implica sentimientos. Entonces no imagino a dónde van a parar unas cuantas metidas en la cama con tu amigo. Por suerte, por ahora no me pasó. Los míos tienen pollera y tetas, pero pienso que sería complicado.

Yo prefiero hablar de “sex toy humano”. Hablar y tenerlo, claro. Como por suerte lo tengo, eso me puede llevar a pensar que soy una afortunada, si olvido por un momento que estoy soltera hace años y que me encantaría pasar un sábado a la noche mirando una peli, comiendo snacks y estrenando lencería sexy con la persona que amo.

Nunca imaginé usar a un hombre de objeto sexual. Pero se fue dando. En verdad costó, y mucho. Y al pibe le podemos ir entregando el premio al remador, después de dos años de SMS que, por supuesto, nunca empezaba mandando yo.

Casi dos años exactos: de una noche gesellina en enero de 2008 hasta una tarde calurosa del mes de los enamorados en 2010. En el medio, una salida a un bar, unos mates en su casa y mi indecisión; sus invitaciones a cenar, sus preguntas de si estaba con alguien o de por qué no quería verlo. A pocos metros de la línea de llegada, una noche de sexo paupérrima en la que terminé con otro en bolas hablando del Opus Dei. Y algo, que un año y medio después todavía no sé qué fue, me llevó a encontrarme con él.

Previa introducción con palabras que sobraban y miradas que invitaban a desvestirse, nos dejamos arrastrar por la lujuria. Él, un poco borracho y yo, fresca como mis pies en pleno invierno. Sus manos me fueron llevando hasta una oscuridad implacable, testigo del revolcón, y la ropa se fue perdiendo, a medida que los 40 grados de febrero parecían habernos hecho entrar en ebullición. Cuerpos pegados, besos mojados y gemidos, en una noche que se había hecho esperar. El éxtasis por fin llegó.

Esa noche sentó precedente para futuros intercambios eseemeseanos y futuras propuestas de encuentro; rompió el hielo y me sumergió en el fantástico mundo de los sex toys de carne y hueso, que vengo experimentando desde ese día con él. Porque tiene la exclusividad. No es fácil ser un sex toy y no enamorar a la otra persona. ¡¡Lo hace re-bien!!

Y no hablo de “amigos con derechos” porque no lo somos. No nos hablamos regularmente, no nos saludamos para los cumpleaños, no salimos a cenar, no conocemos a nuestros respectivos amigos, menos a nuestras respectivas familias, y, lo fundamental, no hay sentimientos. Una sola vez se desubicó y me mandó un mensaje para ver cómo me había ido en un parcial. Confieso que me gustó, pero eso no modificó en nada su categoría de chongo. Además, es una suerte de analfabeto tecnológico: muy poco chat y nada de Facebook ni de Twitter, así que el contacto se limita a los mensajes de los viernes y sábados por la noche.

Sí, sólo viernes y sábados. Y es que, como la perfección no existe, el juguetito viene con fallas de fábrica. Los días de semana no coge –o por lo menos, no conmigo- y tampoco lo hace antes de la 1 am. Eso definitivamente es un problema, porque, muchas veces, a la hora en que comienzan los mensajes, yo duermo o armé otro plan o él duerme o juega a la mañana temprano o está en Haedo o con un amigo que vino de Rosario.

De ahí que mis amigas insistan en que la próxima vez le explique que los telos abren todos los días, las 24 horas, y que en cualquier momento nos podemos hacer una escapada.

Pero que esto no opaque su eficacia. Son más los pros que las contras. Como no es lo que quiero, lo que busco en un hombre, no sufro. ¿Sabés lo bien que se siente que si el flaco no te responde el mensaje de texto vos podés seguir bailando reggaeton y meneando hasta abajo con tus amigas? ¿Sabés qué bueno es levantarte con resaca, ver que lo llamaste a las 5 am, y saber lo que el sabe: que no te importa, y que lo llamaste nada más que para verlo unas horas? ¿Sabés lo cómodo que es que tus amigas están contando una historia de sexo e inmediatamente te acuerdes de él y le puedas mandar un mensaje sin que nada te importe?

Es verdad que lloro escuchando una canción o mirando una película de amor; que llamo a una amiga, futura psicóloga, y lloriqueo por teléfono porque no le intereso a esa persona que quisiera. Pero mientras derrocho lágrimas y pierdo el tiempo pensando en él, está este otro, sex toy de fácil alcance y a oferta en el mercado.

3 comentarios:

  1. Muy bueno Sabri!!!!!!!!!!
    (Soy Sole) Jaja
    Me encantó, muy sincero todo, y muy cierto también.

    ResponderEliminar
  2. A los hombres que estan leyendo, que quieren ser, el remador, que despues de 2 años gane el premio? premio de que?. o al sex toy, un juege sexual, que te cojas a todas las minitas, sin tener que aguantarlas despues de sacarte las ganas.

    ResponderEliminar