2 de junio de 2010

Títeres super hot


Muñecos que, generalmente, son utilizados para entretener a los niños, en este show son manipulados por actores con el objetivo de crear escenas de sexo explícito, humor y sátira de las típicas fantasías eróticas.

“¡Oh yeah, seguí así, así!” Al escuchar o leer una frase semejante, a nadie se le ocurriría pensar que es un diálogo entre dos muñecos de goma espuma, de 60 centímetros. Y sin embargo, lo es. Se trata de la obra Títeres porno, del grupo teatral 69 a la cabeza, un show en el que se conjuga lo excitante y morboso de la pornografía con la inocencia que históricamente ha caracterizado al títere.
Durante la función, cinco actores vestidos de negro manipulan múltiples marionetas de aspecto similar al ser humano, que tienen sexo explícito y representan las fantasías eróticas más comunes, introduciendo, además, una cuota de humor que compensa el grotesco de los muñecos. Pero en lugar de esconderse detrás de una tela, los titiriteros aportan gestos y expresiones, lo que crea otro plano desde el cual se intenta captar la atención del público.
“A través de la ingenuidad del títere, decimos cosas fortísimas. Ellos nos sirven para abrir un juego y nos dan muchos permisos para que podamos hablar y para que la gente lo reciba bien”, afirma Carolina Tejeda, una de las titiriteras.
Al compás de la música sexy, el público puede ver desde el sometimiento de una mucama por parte del dueño de casa, la historia de una mujer rescatada por un policía, la mujer maravilla haciendo de las suyas en la cama y hasta el striptease de un personal trainer.
Mayra Carlos, Carolina Tejeda, Cecilia Villamil, Sebastián Terragni y Ariel Bottor están trabajando en esto hace 6 años y son los únicos en el país que llevan a cabo un espectáculo de este tipo.
Hay dos experiencias que preceden a la formación del grupo. Por un lado, Carlos, Tejeda y Tarragni daban shows eróticos teatralizados en restaurantes. Por otro -y este es el que constituye el verdadero germen del espectáculo- las tres mujeres participaron de 12 polvos, la primer obra de títeres porno a nivel mundial, dirigida por Sergio Rosemblat, titiritero del teatro San Martín, en 2000-2003. “Concluí que con las marionetas se puede hacer cualquier cosa. No creo que la pornografía sea una limitación”, dijo Rosemblat a La Nación.
12 polvos se presentó en el teatro Belisario de la calle Corrientes y realizaron una temporada de tres meses en Madrid, luego de la cual se disolvió y se conformó el grupo actual. “Con este cambio, también hubo un giro en cuanto a la organización, la escenografía y la temática”, asegura Bottor. Y esto tiene que ver con el ámbito en el que se reproducen, ya que Títeres Porno es una obra pensada especialmente para espacios no convencionales, para shows en bares y restaurantes, pero no para teatro. “El otro era más poético. Tenía algunos números de mucho humor y otros muy oscuros. Este, en cambio, es más rápido; jugamos más con el humor y el contacto con el público”, afirma Tejeda. No obstante, cuentan que hubo algunas propuestas para llevarlo al teatro, pero, por el momento, no es la opción que más les gusta.
“Congeniamos muy bien”, asevera Sebastián. Y eso es fundamental, ya que se trata de un grupo autodirigido. Son los mismos actores los que piensan y escriben el espectáculo y, para esto, la organización se vuelve un punto clave, ya que cada títere es manipulado por dos o tres personas a la vez. “El personaje lo componemos entre todos. Hay una relación con el objeto, con el compañero y con el público”, agrega.


Avance del títere hacia el público adulto
A pesar de la vasta tradición que tiene el arte del títere, desde que surgió en Asia hace cientos de años relacionado con cuestiones religiosas y políticas, dentro del universo de la actuación, la importancia que se le ha otorgado, históricamente, ha sido escasa y ha quedado relegado a pequeños espacios, vinculados al público infantil. Es considerado un arte menor.
Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XX, comenzó a existir una incipiente aproximación del títere al mundo de la adultez. Y eso se fue logrando a partir de la fuerte “carga simbólica” inherente al objeto, como explican los expertos en el tema. Las marionetas aparecen, frente a los ojos de quien las mire, como un recuerdo del pasado, como la nostalgia de la infancia que cada uno tuvo y en la que algo tan sencillo como un muñeco de trapo los hacía divertir. Los muñecos abren juego a la imaginación, a salir por unos instantes del mundo actual e introducirse en otro donde rigen nuevas reglas.
En consonancia con eso, en junio se llevará a cabo el VII Festival de Títeres para Adultos en Buenos Aires, en el que se presentarán numerosos espectáculos que prometen generar risa, llantos, sueños y añoranzas.
No obstante, la ampliación del campo de destinatarios del títere sólo ha devenido en pornografía en pocos lugares del mundo. Tal es el caso del grupo 69 a la cabeza, en Argentina, o de Adentro Producciones, en Medellín, Colombia, que estrenó el año pasado un espectáculo similar. “Nos ocupamos por encontrar una extensión del cuerpo para representar otros cuerpos con un concepto estético contemporáneo. Situaciones que se presentan desde una óptica particular, donde el sexo y el humor se convierten en un plato exquisito para disfrutar”, aseguró la compañía.

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